Joaquín Garrigues. In memoriam

ESTEBAN GOTI BUENO.-

El 28 de julio de 1980, moría Joaquín Garrigues Walker, a temprana edad. Tenía 47 años e imagino lo que sintió su familia y su gente, mi padre también murió con edad parecida, exactamente con 48 y es algo que cuesta digerir. Muchos le recordarán siempre, por ser un gran médico y un excepcional hombre, y esto último fue lo principal.

En el caso de Joaquín, el recuerdo es algo que puede constatarse a nada que se teclee su nombre en un buscador de internet. Por otro lado, cualquier estudio sobre la Transición a la dmeocracia, cuenta en sus líneas con su referencia. Indispensable para entender el papel, escaso creo yo, de los liberales tras el franquismo.

Digo escaso con doble sentimiento de por medio. Algo hay de rencor en ello y por otro lado una gran lástima. Rencor, porque sin el liberalismo español buena parte del espíritu antireaccionario que se forjó en nuestro país, quizá no hubiera sido tan numeroso como fue en realidad, desde el siglo XIX. Y el pago al papel de los liberales ha sido mínimo. Quizá también porque como sostenía el propio Joaquín Garrigues, el número de liberales siempre será muy reducido. Liberales auténticos, por supuesto. Sostengo que también me da lástima esa escasez de liberalismo tras la dictadura porque creo que en España no hemos alcanzado aún la categoría plena de ciudadanos y mantenemos un miedo reverencial “al que manda” y tememos por sus decisiones. Una buena dosis de liberalismo, tras la oscuridad franquista, hubiese ayudado a eliminar precisamente, ese “sentimiento de sometimiento” que tiene la sociedad española y que además suele traducirse después en corrupción. Creo que es así porque si se teme al poderoso, también se busca su ayuda y complacencia para obtener algo de él.

Ni al socialismo, ni a los tardofranquistas, les interesaba demasiado que los partidos liberales, tuviesen demasiada relevancia. Por supuesto, los nacionalistas, unos democristianos (bueno, sólo de nombre, porque ser cristiano es otra cosa que no tiene relación con un partido o una corriente ideológica), otros social-revolucionarios, y los que quedan “liberales de monedero”, tenían y tienen otros objetivos: disgregar y sentirse ufanos con ello.

Joaquín Garrigues empezó su lucha antes de que fuera legal ser liberal declarado y sus numerosos artículos en prensa son testigos de los postulados liberales que siempre encarnó. No creo en los panegíricos a toda costa y junto a Garrigues, hay que mencionar a muchas personas que colaboraron con él, o bien que fueron liberales antes que él y que siguieron derroteros en paralelo a él.  No sería oportuno escirbir sus nombres aquí, porque desde luego existe un gran riesgo de olvidar a personas de gran valía. Con todo ello, hoy podemos encontrar en torno al Club Liberal Español y al Club 1812,a buena cantidad de liberales, que sin sueldo alguno por serlo, ni albergar aspiraciones políticas corruptas, defienden, negro sobre blanco, el liberalismo en España. A ello también contribuye la Sociedad El Sitio.

Joaquín Garrigues fundó el Partido Demócrata que albergaba ideas liberales y de honda preocupación social. Esta agrupación se transformó después en la Federación de Partidos Demócratas y Liberales, de la que formaba parte la mismísima Soledad Becerril, que tan poca estela política le han dejado marcar, no sé si por voluntad de ella misma, o bien porque como en aquellos gobiernos de la Transición, los liberales debían estar siempre en la esquina. Karl Popper sostenía que la relación entre la filosofía liberal y el libre mercado era una feliz coincidencia, pero que no era el capitalismo la sustancia de las ideas liberales en exclusiva. Joaquín Garrigues sostenía esto sin miedo en sus escritos y así, cuando quiso denunciar que el franquismo no era en absoluto un régimen satisfactorio desde el punto de vista liberal, porque admitiese en parte la libertad económica, siempre lo sostenía en la convicción de que la libertad no entiende de puertas y por ello no vale cerrar el paso a los derechos políticos y civiles y contentarse con que se puedan abrir ultramarinos de forma privada. Esto no es liberalismo y así mismo lo defendió recientemente su hermano Antonio Garrigues, cuya amistad me honra, al igual que la forjada con la hija de nuestro protagonista. Antonio G. W. escribió hace poco más de un año que no hay más falso liberal que el que lo es por puro afán económico. En estro, es heredero de lo que su hermano tenía bien claro en su mente.

Sobre la difícil relación entre Joaquín Garrigues y Adolfo Suárez se ha escrito mucho, y quizá tengan que ver en ello, las esperanzas que los liberales tenían puestas en ver a Don Joaquín como algo más que Ministro de Obras Públicas o Ministro Adjunto al Presidente. Siempre existieron miradas que le contemplaban como alguien más relevante en la esfera política. Pero Joaquín Garrigues fue siempre un superviviente, por voluntad propia además. No fue un hombre acomodado a la favorable situación que podía proporcionarle ser vástago de uno de los gabinetes jurídicos más relevantes de España, así como sus contactos en el exterior. Él cambió un dorado porvenir, al margen de las preocupaciones de la Res Publica, por una convicción política indiscutible en su corazón. Al igual que él, otros hombres y mujeres del liberalismo español, consagran tiempo y dinero a fondo perdido en mantener vivas las llamas de las Cortes de Cádiz. Y como no llevo beneficio alguno de declararlo, quiero resaltar que hoy en día, buen número de personas sacrifican paz y sosiego doméstico a cambio de nada, únicamente por su creencia en la filosofía política liberal. Esro es algo que los liberales sabemos y es un embrujo ideológico que huyendo absolutamente del fanatismo, sin embargo hace que quiers comunicar a todos que es posible una sociedad de ciudadanos en donde la salvaguarda de los derechos individuales, en beneficio pues de los de todos, ayude a construir un mundo más pacífico y de posibilidades para el conjunto de la sociedad.

Cuando Joaquín Garrigues Walker le declaró a Pedro Schwartz, que los liberales siempre serían escasos, quizá no intuyó que lo que se siembra da mucho fruto. Y así ha sido. Por más que quieran ahogar la realidad, las férreas hordas de la izquierda y la derecha, hay un importante sentimiento de ser liberal en España, a día de hoy. Eso sí, nuestra ciudadanía debe querer ser emancipada de las cadenas de la partitocracia, debe querer alcanzar dignidad política. Sin la voluntad de los ciudadanos, nada de los valores de Joaquín y otros tantos, podrá jamás realizarse. Si esperamos a que todo venga realizado en paño de oro, entonces seguiremos engordando la fila de manos suplicantes al poder. Habremos renunciado a tener posibilidades de cambiar nuestra propia condición y nos gustará entonces que sea la Seguridad Social la que nos traiga el melón cortado en rodajas, bien fresco en verano, y el café bien caliente en invierno. Ser libre significa también trabajar esa libertad a diario, de ahí que el liberalismo no tenga demasiada cabida entre los partidos políticos, porque significaría que en los mítines, los bustos parlantes tendrían que pedir esfuerzos colectivos y no prometer alpiste, que es lo que hacen.

Recomiendo vivamente la lectura de los textos que escribió Garrigues Walker, Don Joaquín, para comprender su visión de lo que podría llegar a ser la sociedad española. Insisto, una vez más, en que el liberalismo no es esa ideología favorable a los trabajadores de camisa de cuellos duros con corbata y que invocan el nombre de liberal para seguir construyendo su poderío económico y el oligopolio en el que todos nos hallamos ahogados. Tampoco es, en absoluto, la eliminación de lo público. De hecho lean cómo en el ideario del Partido Demócrata de Garrigues se habla de cómo el Estado debe llegar allí donde no hay posibilidad de proporcionar los derechos básicos que asisten a todo ser humano. Que no nos confundan los liberales de nuevo cuño, que lo son sólo porque han aprendido a hacer las cuentas de otra manera. Ese puritanismo luterano de propiedad absoluta, nulo espacio público y libertades limitadas a lo que indique el pastor de la comunidad, no es y nunca podrá ser liberal.

Quiero que estas líneas sirvan de recuerdo a un hombre implicado en la democracia española y que creyó firmemente en que la libertad debía ser en todos los ámbitos una realidad a alcanzar. In memoriam, Joaquín Garrigues.

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Una respuesta a “Joaquín Garrigues. In memoriam”

  1. Francisco Luis #

    Me parece muy acertado su comentario acerca de este político escasamente valorado y recordado.
    Cuanto tiene que aprender la casta política actual de personas con esta honestidad e ideas.
    Un saludo.

    5 agosto, 2010 at 5:29

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