El diputado liberal

ESTEBAN GOTI.- 

Es posible que nunca conozcamos el hecho que quiero relatar a continuación, pero si la realidad no nos lo proporciona, quizá la fantasía pueda llevarnos a él. Así pues, permítanme que emplee estas líneas en contarles una historia.

<< El diputado Bartolomé Rabante dejó su escaño en cuanto el presidente de gobierno abandonaba la tribuna de oradores. Una larga experiencia y lucha coronaba su trayectoria, y hoy, este diecisiete de septiembre podía dar voz a cuantos liberales le habían acompañado en su ya bien cargado currículum vital. Su pelo cano, escondía un interior joven, una mente rápida y abierta a los cambios. Conocía el pasado de muchos de los diputados, los cuales llevaban muchos años sentados sin decir “esta boca es mía”.

            Desde la presidencia del parlamento, el presidente, dijo. – Tiene la palabra el Sr. D. Bartolomé Rabante.

            Normalmente, los secretarios de los grupos parlamentarios solían salir al estrado ataviados con papeles, la mayor parte de ellos, estaban escritos desde semanas atrás. Rabante llegó consigo mismo, desnudo de chuletas y con la conciencia puesta en el mensaje que quería trasladar. Nada tenía escrito con antelación, porque realmente quería empaparse de lo que los oradores proclamaban desde la tribuna. No quería quedarse sólo con detalles o comentarios insignificantes, sino que ansiaba poder rebatir lo que se había dicho en la Cámara y no sólo lo que con buen juicio supusiera que se iba a decir. Rabante comenzó su exposición:

-          Buenas tardes, señor presidente, señor presidente del gobierno, señoras y señores diputados. Hoy, en esta tribuna, se corona el deseo que muchos ciudadanos han tenido dentro de sí. Hay un representante del Partido Liberal aquí, en esta Cámara. No estoy hablando como líder de una corriente de opinión dentro del Partido Popular o del Partido Socialista. No soy el grupúsculo de un partido nacionalista amante del dinero. Soy el diputado que representa a todos los ciudadanos, y no sólo a quienes han apostado por conceder el voto a esta agrupación política, la que encabezo con sumo honor. Digo de todos, porque mi papel es pensar en la sociedad entera, el bien de toda una ciudadanía, no de los míos en exclusiva. ¿Puede un diputado, serlo de todo un parlamento, y manifestar que piensa sólo en los suyos?

Somos el Partido Liberal, el cual, no aspira a dar carné de liberalismo a nadie, porque esta filosofía política no queda encerrada en estas siglas, ni tiene una fe absoluta en ser la única voz del liberalismo en España. Deseo con todo mi corazón que el liberalismo tenga tanto éxito, que las más variadas variantes de este pensamiento político, afloren con todos los colores y enarbolen de nuevo en nuestro país, la bandera de la libertad, la igualdad y la solidaridad, encarnadas en toda constitución democrática que se precie. Una bandera, que consagra la independencia del ciudadano respecto de los deseos del Estado, de su voluntad de extenderse sobre todas las esferas de la persona. Todo esto lo hacemos, no por antiestatistas, sino por creyentes en la dignidad de la persona, de la cual, un gobierno, no puedo disponer en todo, para todo, y en cualquier circunstancia.

Los ciudadanos que nos han votado han dado su conformidad al programa que les hemos presentado. Éste pretende ser una recopilación actualizada de lo que otros partidos liberales en nuestra reciente historia quisieron ofrecer a los españoles y que por la suerte que reparte la democracia (el voto) no hemos podido defender en este parlamento desde hace treinta años. Antes de entrar a valorar los proyectos que el candidato a presidente de gobierno tiene para la legislatura que hemos inaugurado hoy, quiero hacer ante todos ustedes, pública manifestación de los principios que espero poder encarnar sin tacha durante el tiempo que mi persona esté legitimada para hablar en nombre de mi partido. Y así, prendido en la llama de la libertad y la democracia manifiesto que:

Creemos en la democracia como vehículo de la voluntad ciudadana, a la que conscientemente renuncio a llamar “popular”, porque “el pueblo” es una expresión que denigra al ciudadano, le convierte en consumidor de lo que nosotros, oh luminosos próceres, hemos pensado para su bien, pero invadiendo a priori su voluntad. El ciudadano puede tener conciencia de serlo y así evitar las arbitrariedades que desde el poder, el que se ve y el que no se ve, se intenten llevar contra él.

Creemos en la libertad y diversidad política, porque lo contrario es el totalitarismo y el cierre al diálogo. No estamos comprometidos con ninguna dictadura, ya sea la del proletariado, la de la patronal o la de los grandes grupos de poder.

Creemos en la capacidad del ciudadano, en cuanto persona con dignidad, para realizar su vida en los términos que crea más oportunos, eligiendo libremente cómo desea construir su familia, su convivencia y su relación. Por este mismo principio, no queremos el favor de un modelo sobre la denigración de otro y por todo ello, no contemplamos en el Estado la capacidad de dirigir, desde la educación, cómo debe pensar un buen ciudadano. El pensamiento y la opinión son libres y la persona cursa su propio camino.

Creemos en la libertad religiosa, no en la ausencia forzada de religión alguna. Bajo el paraguas de la aconfesionalidad del estado, hemos pervertido este principio, buscando la eliminación de todo rastro de vestigios religiosos, en aras de una falsa asepsia sensitiva, que en el fondo sólo esconde prohibición y no pluralidad. De hecho, se prima la religión del ateísmo obligatorio y la prioridad por una supuesta reparación histórica, de otras confesiones religiosas, siempre y cuando no sea la cristiana. Éste no es el foro en el que nos van a encontrar ni los diputados de la izquierda socialista, ni los ansiosos conservadores, si creen que nuestro objetivo es el nacional catolicismo. Ni lo pueden creer, ni lo pueden esperar.

Creemos en la libertad económica, antes que el capitalismo, el capitalismo salvaje, el oligopolio y los intereses de quienes controlan hoy en día la mayor parte de los medios económicos. El liberal no encarna los intereses del empresario o de, como llamarían los marxistas, el plutócrata. La economía libre es un principio que obedece a la convicción de que los individuos tienen derecho a elegir su ocupación, su forma de beneficio y supervivencia, dentro de los límites que marcan la ética, la dignidad de la persona, los derechos de los trabajadores y la limpia competencia. Ningún liberal, que lo sea en verdad, entenderá que la explotación es el alma de sus ideas, o que la defensa del dinero a cualquier precio es el afán en el que todo termina. Nada de esto es parte sustancial del liberalismo económico, el cual, como los liberales europeos, fieles a la tradición de nuestra filosofía, entienden y entenderán, admira la libertad en la iniciativa económica como una consecuencia de la defensa de la libertad global que abarca a todo ser humano.

Creemos en la Democracia española, en su Estado y Nacionalidad, como marco de convivencia de todos los territorios que conforman España. El Estado de las Autonomías no debe ir en detrimento de la igualdad de los ciudadanos ante la ley, ni puede suponer desequilibrio en el beneficio obtenido del Estado. Es decir, “No a las desigualdades diseñadas por la ley de financiación o de diseño político”. No puede hablarse en términos generales de “españoles” si unos lo son más que otros, perdiendo más, quien más español sea.

Creemos en la asistencia del Estado a los servicios públicos necesarios, como son la Educación y la Sanidad. No queremos habitar en una sociedad en la cual, quienes no pueden pagar un médico, permanezcan en la enfermedad, ni queremos un país en el que de nuevo, sólo los que puedan, den instrucción a sus hijos. Somos más ambiciosos aún, creemos que es absolutamente posible, agilizar los centros médicos, mejorar la prestación sanitaria, y contratar más médicos, al igual que es posible ofrecer una Educación con más medios materiales, si las subvenciones son lo suficientemente cuantiosas. Para ello, será necesario saber si estamos dispuestos a repensar nuestro modelo de financiación pública, replantearnos si el dinero que se da de los Presupuestos Generales del estado van a donde es urgente ir. Llevando un análisis lúcido de dónde es posible quitar para poner en otro lado, puede este país encabezar, sin ninguna duda, la lista de cooperación internacional con el desarrollo del Tercer Mundo como uno de los objetivos prioritarios de España, cuya presencia en el mundo ha sido y es, muy considerable.

El diputado Rabante siguió hablando, ampliamente del programa que había presentado el aspirante a ocupar el palacio de la Moncloa, como presidente del gobierno. Pocos eran los que aplaudían, porque muchos veían peligrar su estatus de poder.>>

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