Miguelín y Miguelón

ANTONIO RAMÍREZ BLANCO.- 

Comenta el clarividente Zapatero que, el futuro de España, será del tamaño de Miguelín. Al parecer, el citado Miguelín, no es otro que el muñeco bebé gigante, que parece haber acabado con todas las existencias nacionales de Miguelitos de La Roda, y que se encuentra en el pabellón de España, en la Expo que alberga la ciudad china de Shangai. El presidente del gobierno aún cree que, con él a los mandos de la nave patria, alcanzaremos altas cotas de bonanza, y de ahí su comparación con el gigante lactante. Sin embargo, el que desde aquí os habla, mantiene que, efectivamente, mientras ZP continúe rigiendo nuestros destinos, el futuro de nuestra nación, acabará por parecerse a Miguelín, pero en un sentido muy diferente, al que aplica el gurú del socialismo español.

El acervo popular siempre ha mantenido que, los niños, vienen con un pan debajo del brazo. Para desgracia de los padres, bajo el otro brazo, nunca traen un jamón de bellota. Criar a un bebé, amén de constituir una inmensa alegría para los progenitores, también conlleva una serie de gastos de notable importancia. Quizá por ello, el dichoso Miguelín, diseñado, por cierto, por la muy “progre” Isabel Coixet, ha costado la nada desdeñable cifra de medio millón de euros. Si a ello le añadimos que la decoración de su cuarto, en este caso, el propio pabellón donde reside, ha salido por más de dos millones y medio de euros, ya tenemos el primer dispendio desorbitado de la gracieta socialista.

Pero es que la España de Zapatero, presenta una serie de similitudes con el colosal bebé, que llegan a asustar. Para empezar, tenemos una economía que está, como el crío, en pañales y, las previsiones son que, en el momento en que a ZP le venga a la mente cualquier ocurrencia demencial, y le dé por nutrir a la precaria  economía española con algunas de sus recetas mágicas, acabará por cagarse en el pañal. Por supuesto, el gasto en esos pañales gigantescos, irá a engrosar la cifra de nuestra deuda.

Su obsesión por gastar a manos llenas olvidándose del creciente paro que padecemos, hace que nuestra España/ Miguelín, cada vez esté aquejada de una mayor sensación de hambre, que no siempre va a poder saciarse, a base de donativos en forma de 420 euros. Y es que, para un bebé de ese tamaño, hacen falta muchos más potitos y biberones, que los que se pueden adquirir por tan irrisoria cantidad. Además, por ley de vida, el niño crecerá y tendrá muchas más necesidades que cubrir. Luego habrá que escolarizarlo, pagar la ruta del cole, el comedor, los libros, el uniforme y hasta el chándal. Para poder comprar todo el equipo completo, no quedará más remedio que ahorrar de otras partidas pero, si ese ahorro que tanto sufrimiento exige a la familia de españoles, se malgasta luego en comprarle un coche eléctrico a Montilla, una piscina hinchable a Griñán ó un karaoke a Trini para que cante sus virtudes a voz en cuello desde el ministerio, pues el crío seguro que acaba con la camisa del uniforme parcheada y los zapatos Gorila con agujeros en las suelas.

Cuando el daño ya esté hecho por completo, a España/ Miguelín, no le restará otra cosa que llorar. Con tanto berreo nocturno, que acudirá a las cabezas de los españolitos de a pie en forma de preocupaciones y desvelos, no quedará nadie que pueda pegar ojo en toda la noche. Bueno, excepción hecha de ZP y los suyos, que seguirán durmiendo a pierna suelta, porque mantienen el riñón bien cubierto gracias a que, como Miguelín, seguirán mamando de la teta del Estado y porque, al fin y al cabo, disparan con pólvora del rey. Hasta que ese funesto día llegue, la sociedad española, también parece querer emular al gran Miguelín. Permanece dormida durante horas, con la respiración agitada y en un sepulcral silencio. Tan sólo un ligero llanto de vez en cuando, para solicitar la ración de comida diaria en forma de subsidio ó para que les limpien el irritado culito, a consecuencia de la cagada en el alza del IVA ó cualquier otro impuesto, que el ejecutivo tenga a bien colocarnos, para poder abonar sus fantasiosos proyectos. Una vez satisfecha nuestra necesidad puntual, y después de expulsar un eructito de agradecimiento, volveremos a sumirnos en brazos de Morfeo, hasta la aparición de la siguiente contingencia.

¿Y qué hace el ejecutivo a la vista de la precaria situación que padecen muchas familias españolas? Pues como Miguelín, se limita a echarnos una cándida sonrisita, balbucea una serie de excusas, nos hace una pedorreta y, tras ello, continúa a lo suyo, como si nada hubiera ocurrido.

Por eso, yo prefiero que el señor Rodríguez y su pandilla de aficionados, desalojen La Moncloa y que, España, deje de parecerse a Miguelín y se asemeje más al gran Miguelón. Ese era el sobrenombre con el que todos conocíamos a nuestro campeonísimo ciclista Miguel Induráin. Un auténtico todo terreno que rodaba a gran velocidad contrarreloj. Un atleta que dominaba la carretera aunque ésta se inclinara en pendientes pronunciadas. España tiene la obligación de rodar bien tanto cuando las coyunturas son favorables, como  cuando hay que afrontar rampas con desniveles de gran porcentaje. El séquito presidencial actual, sólo sabe manejarse en la benévola cuesta abajo, donde ni siquiera hay que dar pedales y, aún así, el riesgo de salirse de la carretera y caer barranco abajo, es más que palpable

Con Zapatero y los suyos, asemejándose a Miguelín, no podemos esperar más que, antes ó después, el pañal acabe cagado y nosotros, pringados hasta el cuello.

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