Tauromaquia: La crueldad no deja ver el bosque

PABLO AGUIRRE.-

El tema no es otro que aquél en el cual nos va la vida a todos: la muerte.
Me visitan brumosos recuerdos de mi abuela ajusticiando, si es que los entusiastas de Ulpiano me permiten utilizar tal término, aves de corral. Mal podría ahondar en cuestiones que hacen a la terapéutica de la conducta, no sólo por mi nula formación académica al respecto sino por mi natural imposibilidad para tener fe en supersticiones. Desaliento de manera abrupta al lector ávido de traumas de la niñez, pero persuado a aquellos que con generosidad podrán echar luz a la ignorancia que acostumbro recopilar.

La cantidad de espectadores, el gran número de puestos de trabajo, la antigüedad de la actividad cultural y los comentarios del querido autor de la generación del 27 no pueden desanudar mi duodeno cada vez que observo una corrida de toros. Me cuesta mucho imaginar todo lo que sufre el desafortunado animal tras bambalinas, antes del comienzo del atroz espectáculo; el mercadeo de los beneficiarios económicos de la actividad bien ha mantenido en la sombra la tortura previa para disminuir las capacidades del animal.

Comparto las opiniones que alegan que las prohibiciones merman las libertades. Además, carteles como “Prohibido Asesinar” o “Prohibido Acuchillar” no constituirían ni un logro económico ni un acierto gubernamental. Brego por la libertad para que todos tengan al alcance herramientas para adquirir educación, aprender a respetar la naturaleza, echar luz en la barbarie y contribuir a mejorar el mundo que nos toca.

Comparto el jolgorio de todos los que se ríen a carcajadas de las siguientes necedades:

- Utilizar penosamente la célebre frase de Martin Niemöller; monos con navajas les llaman.

- Comparar la caza y la pesca con la tauromaquia; puedo recomendar al terapeuta que solucionó gallináceos traumas.

- Indemnizar a alguien por no practicar el mal.

Finalizo estas pocas líneas compartiendo con usted, respetable persona lectora, un delicado paté de las tres pimientas, y agradeciendo al candidato a la presidencia de la Generalitat, Albert Rivera, por haberme encontrado un sustituto al óxido nitroso.

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Una respuesta a “Tauromaquia: La crueldad no deja ver el bosque”

  1. tepordel #

    100% de acuerdo.

    21 enero, 2011 at 21:37

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